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Con el peluquero en la cabeza y la fortaleza en las piernas

El incidente provocado por Vidal y Medel terminó sin repercusiones aparentes en el duelo contra Uruguay. Un gran primer tiempo y una heroica resistencia final permitieron un empate que prácticamente asegura la clasificación de Chile en el Grupo A de la Copa América.
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Con el peluquero en la cabeza, pero con las piernas muy firmes, la selección chilena se plantó frente a la uruguaya con la convicción de que, si quería, podía. En el primer tiempo, otra vez afirmado en la confianza que da Claudio Bravo en el arco, la capacidad de Gary Medel en el sector defensivo, el trabajo incansable de Charles Aránguiz en el mediocampo y el recuperado despliegue de Eduardo Vargas en territorio ajeno, a La Roja sólo le faltó el liderazgo del indisciplinado y convaleciente Arturo Vidal para hacer recordar los tiempos del bicampeonato y la Confederaciones. Los gregarios esta vez se sumaron con buena dosis de entusiasmo y con chorros de calidad por parte de Erick Pulgar, ya consolidado, y Ben Brereton, la gran revelación.

Pero todo eso, que fue insuficiente en los lapsos iniciales de los dos últimos partidos con Bolivia, esta vez bastó para sacarle ventaja a uno al que siempre cuesta ganar. Un finiquito demoledor de Vargas para culminar una gran pared con Brereton sirvió para obtener una ventaja en el juego y una supremacía en el espíritu.

Y cuando se fueron al descanso, abundaban las caras sonrientes.

Esas sonrisas no alcanzaron a transformarse en muecas de dolor, pero sí en gestos de angustia en el segundo tiempo.

Es conocida la capacidad de los uruguayos para volcar resultados adversos y el mundo conoce lo peligrosos que son en los últimos minutos cuando van perdiendo o empatando.

Todo eso lo sufrió Chile a partir de la igualdad conseguida por Luis Suárez en otra de las jugadas que han hecho temibles a los de la Celeste: una peinada de Matías Vecino desajustó a toda la defensa chilena en un córner, y Vidal no tuvo la fuerza suficiente para resistir la carga del gran goleador. Era la primera vez que un centro aéreo no terminaba con un despeje de los centrales rojos. Y parecía que no había de qué preocuparse luego de la estupenda atajada de Bravo para sacar un fortísimo zurdazo de Facundo Torres y que provocó ese tiro de esquina.

Con media hora por delante, con La Roja disminuida por sucesivas lesiones que dejaron fuera de la cancha a Vargas y Vidal, más el notorio agotamiento de Brereton, Uruguay se apropió del balón y del terreno.

Luciano Arriagada, que reemplazó a Big Ben, estuvo a punto de entrar a la historia: desinhibido debutante, estuvo cerca de anotar la primera vez que recibió un balón en el área. Su remate, débil y colocado, superó al arquero Fernando Muslera, pero se perdió rozando un poste.

Fue lo único que consiguió el equipo de Lasarte, todo lo demás fue resistir. Y esa tarea resultó por momentos heroica, sobre todo en los diez minutos finales, en que actuó en inferioridad numérica por la lesión de Pulgar cuando ya se habían agotado las ventanas para los cambios y con Charles Aránguiz, una de sus mejores figuras, acalambrado y jadeante.

Dos veces temblaron las esperanzas: un cabezazo de Edinson Cavani y un remate de Lucas Torreira besaron el vertical izquierdo de Bravo cuando el arquero ya se había rendido.

El pitazo final fue un alivio para los gladiadores. Terminado el martirio, podían sacar cuentas si no alegres por lo menos ilusionantes: con cinco puntos es difícil que Bolivia los sobrepase. Y con un puntito que logren el jueves ante Paraguay, evitarían los ya trágicos enfrentamientos con Brasil en los cuartos del final de los torneos importantes.

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